Hidratarse: antes, durante y después

El verano, oficialmente, ya ha llegado. Extraoficialmente, el estío se presentó ya con muchísima fuerza en las últimas semanas de la primavera, con unos registros elevadísimos para esa estación. Esa pesada circunstancia volverá a repetirse,  buen seguro, cada vez con mayor frecuencia por los efectos del temido cambio climático. Para la sociedad en general -y para los deportistas en particular- una correcta hidratación resulta vital para tratar de mitigar en cierta medida esos excesivos valores. Precisamente, el realizar una actividad física nuestro cuerpo tiende a regular su temperatura mediante el sudor, líquido que se genera en mayor cantidad con elevadas temperaturas. Unos primeros síntomas de deshidratación ya son palpables a través del aumento de frecuencia cardíaca y de temperatura corporal. Es ahí donde la correcta hidratación juega un papel determinante.

A la hora de realizar ejercicio, la hidratación debe estar planificada en tres fases: antes, durante y después de la práctica deportiva. Por regla general, antes de realizar cualquier ejercicio es necesario beber medio litro de agua, aunque si la sesión o la prueba que se debe encarar es de una entidad importante -por ejemplo, un triatlón, un maratón…- la planificación será mucho mayor y la ingesta debe iniciarse días antes del evento. Durante la práctica deportiva, y como regla general, un par de sorbos de agua cada 20 minutos pueden resultar suficientes. Y después del ejercicio, la hidratación también es obligada. Lo habitual es espaciar sucesivas tomas durante la hora posterior a la finalización de la sesión.

Como resumen, algunas pautas que se deben seguir a la hora de planificar una actividad física -en el antes, durante y después- son las siguiente:

  • Nunca hay que esperar a tener sed. Por regla general, en una actividad habitual conviene comenzar a beber agua entre 1 y 2 horas antes de iniciar la sesión.
  • Resulta recomendable efectuar sucesivas pausas cada 15 o 20 minutos durante la actividad para beber alrededor de 1 vaso de agua u otra bebida energética. También es conveniente que el líquido esté fresco, alrededor de 15 grados.
  • A la conclusión del ejercicio, conviene beber líquidos para recuperar todos los perdidos durante la sesión. En ese sentido, la cantidad que se debería ingerir debería ser la misma que la que se ha perdido. Para conocer esa cantidad, un truco sería pesarse antes y después de la actividad física.
  • Si el calor aprieta, resulta importante tomar una bebida con sales minerales, ya que nuestro cuerpo pierde más cantidad de éstos, principalmente de sodio, pero también de potasio y cloro.
  • Si se realiza más de 1 hora de ejercicio, lo idea sería acompañar el agua con bebidas isotónicas.

Fotografía: https://cogniland.com

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